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serbios y croatas tienen el mismo origen

El líder serbio Slobodan Milosevic, apodado el ‘carnicero de los Balcanes’, fue acusado ante el Tribunal de La Haya de genocidio y crímenes contra la humanidad por su responsabilidad en los conflictos de Croacia (1991-1995), Bosnia (1992-1995) y Kosovo (1998-1999). La violencia étnica acabó con la vida de hasta 200.000 personas, entre ellas muchos niños y mujeres masacrados, millones de desplazados y decenas de ciudades destruidas. El número de torturas, desapariciones y violaciones fue incalculable. El odio feroz y «ancestral» entre croatas y serbios se sustentaba en la identidad. Si éticamente era algo repulsivo, ahora la ciencia confirma aún más la sinrazón.

Un equipo internacional liderado por el Instituto de Biología Evolutiva en la Universidad Pompeu Fabra (CSIC-UPF), la Universidad de Harvard y la del País Vasco ha reconstruido por primera vez la historia genómica del primer milenio de la península balcánica. Para ello, el equipo ha recuperado y analizado el genoma antiguo de 146 individuos que habitaron las actuales Croacia y Serbia durante ese período. El trabajo, publicado en la revista ‘Cell’, desvela que serbios y croatas no solo comparten un pasado común sino también el mismo origen genético.

«Durante el primer milenio la frontera danubiana del Imperio Romano era un cruce donde se juntaba la influencia occidental y oriental, una zona de paso muy importante», explica Iñigo Olalde, investigador Ikerbasque y Ramón y Cajal de la UPV. Los individuos analizados proceden de una veintena de yacimientos. El mayor de ellos es el de Viminacium, una de las principales ciudades romanas, en la actual Serbia, en el que hasta ahora se han descubierto unas 16.000 tumbas. «Fue fundada por una legión romana que se estableció allí para controlar la frontera y acabó convirtiéndose en una ciudad. Hoy tiene al lado una central térmica que usa el terreno como cantera, así que hay que ir excavando para que no se pierda nada», cuenta.

Un niño de Sudán

Los restos, secuenciados en Harvard y analizados en los centros españoles, revelan que en la época romana estas poblaciones estaban compuestas por los ilirios, descendientes de los grupos de la Edad de Hierro que ya vivían allí, y una fuerte aportación demográfica de la población, ‘romana’. Pero, en contra de lo que uno podría anticipar, estos ‘romanos’ no eran descendientes de los habitantes de la península itálica, sino que provenían de la parte oriental del imperio: la costa de Anatolia y el mar Egeo. «Es algo realmente sorprendente. Quizás haya algún sesgo en el muestreo por el que no estamos detectando a las poblaciones itálicas que llegaban porque incineraran a sus muertos sin que sus restos hayan llegado hasta nuestros días. Pero en ese caso habría alguna señal de mezcla, y no la vemos», dice el genetista.


Acueducto romano que abastecía de agua a la ciudad romana de Viminacium


Carles Lalueza Fox

La frontera del Imperio era cosmopolita. A esa migración masiva se unían casos de movilidad esporádica «raros pero muy interesantes». «Encontramos tres individuos africanos. Uno de ellos, un adolescente de unos 14 o 15 años, procedente de lo que hoy es Sudán. Se enterró con una lámpara de aceite que lleva un águila, símbolo de la legión y también relacionada con Júpiter (uno de los dioses más importantes para los romanos)», señala Olalde. «Sabemos por sus dientes que en su infancia llevó una dieta marina, completamente distinta a la de Viminacium, por lo que creemos que no nació aquí, sino que migró y murió poco después de llegar», añade.


Mapa de las migraciones en los Balcanes


Pablo Carrión / Iñigo Olalde.

La migración eslava

El estudio también ha identificado algunos individuos de ascendencia del Norte de Europa y de las estepas que habitaron la península balcánica durante el siglo III, en plena ocupación romana. El análisis antropológico de sus cráneos reveló que algunos de ellos fueron artificialmente deformados, una costumbre propia de algunas poblaciones de las estepas y de los hunos, a menudo denominados como ‘bárbaros’.

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, y especialmente a partir del siglo VI, el estudio revela la llegada a gran escala a los Balcanes de individuos genéticamente similares a las poblaciones modernas de habla eslava de Europa del Este. Su huella genética representa entre el 30 y el 60 % de la ascendencia de los pueblos balcánicos actuales. Esta migración tuvo lugar a lo largo de varias generaciones e involucró a grupos familiares completos que incluían hombres y mujeres.

El establecimiento de las poblaciones eslavas en los Balcanes fue mayor en el norte, con una contribución genética de entre el 50% y el 60% en la actual Serbia, y gradualmente menor hacia el sur, con entre un 30 y un 40% de representación genética en la Grecia continental y hasta un 20% en las islas del Egeo. «Croatas y serbios se han enfrentado hace poco pero su origen es prácticamente el mismo, una mezcla en igual medida de las poblaciones eslavas y las del mediterráneo. En sus historias demográficas no hay grandes diferencias«, subraya Olalde.

Como apunta Olalde, la mayoría de los estudios de ADN antiguo se centran en la prehistoria, pero estos métodos también pueden proporcionar información sobre períodos históricos más recientes, especialmente cuando se utilizan en combinación con información histórica y arqueológica. «El ADN antiguo puede dar mucha información sobre los períodos históricos, especialmente en regiones donde las fuentes históricas son escasas o cuando no sabemos si están sesgadas. Por ejemplo, sobre las invasiones bárbaras solo conocemos la versión romana», argumenta. En este caso, los genes no hablan de una división entre los pueblos balcánicos, sino de una historia compartida.

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