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se propone ser el primer país en aterrizar en su prometedor polo sur

Medio siglo ha pasado entre la última misión del Programa Luna, el Apolo soviético, y la siguiente. 47 años, una transformación política profunda y una nueva carrera por llegar a nuestro satélite y colonizarlo, si bien Rusia ya no es la misma potencia de antaño. Aún así, no quiere perder su trozo de pastel (aunque en gran parte ya se lo haya comido la nueva protagonista, China), y en la madrugada de este viernes lanzó la misión Luna 25 que, aunque no es tripulada, se trata de un primer paso hacia transportar cosmonautas a la que es, de momento, la última frontera conquistada por el hombre.

El cohete Soyuz que transporta esta sonda de casi 800 kilos despegó desde la base espacial de Vostochni, en el extremo oriente, a las 02.10 de Moscú (01.10 hora española). La aeronave se elevó dejando atrás una espesa nube de humo y llamas que destacaba en el cielo grisáceo. Un espectáculo del que fueron testigos de excepción los 26 habitantes de Shakhtinsky, una localidad en el extremo este de Rusia, a orillas del río Donets, que fueron evacuados ante «una posibilidad entre un millón» de que una de las etapas del cohete que lanza el Luna-25 cayera allí. Finalmente, las previsiones más optimistas se cumplieron y no se han reportado daños.

Está previsto que la nave llegue en cinco días a la órbita lunar, donde estará entre tres y siete días para escoger un buen lugar para el alunizaje en la zona del polo sur del satélite. En ese momento, entre el 21 y el 23 de agosto, se producirán las maniobras para tocar la superficie de la Luna. «Por primera vez en la historia va a haber un alunizaje en el polo sur lunar. Hasta ahora, todo el mundo alunizaba en la zona ecuatorial», afirmó el diplomático ruso Alexander Blojin en una entrevista reciente al diario oficial Rossíiskaya Gazeta.

Se da la circunstancia de que una misión india, la Chandrayaan-3, tiene prevista la misma maniobra en la misma zona también el 23 de agosto. A pesar de que cuenta con casi un mes de ventaja desde que saliera de la Tierra, los propulsores menos potentes de la nave india han demorado su llegada al satélite. De hecho, India vende su carrera lunar como ‘low cost’: llegar con menos recursos y de forma más barata, aunque también con menos ambiciones. Se trata del último intento de India por colocar una misión lunar después de que 2019 una sonda con similares objetivos perdiera el contacto con la Tierra justo antes de su llegada a la Luna. Sin embargo, esta vez la Organización India de Investigación Espacial (IRSO) confía en sus posibilidades y proyecta incluso una futura misión tripulada al satélite terrestre.

Galería.

El cohete Soyuz despega de la plataforma de lanzamiento del cosmódromo de Vostochni


EFE

«Hay sitio en la Luna para todos», aseguraron desde Roscosmos al ser preguntados acerca de si ambas misiones podrían entorpecerse la una a la otra. Lo cierto es que el objetivo de Rusia es a más largo plazo, ya que frente una misión de varios días como la india, desde Moscú se ha ideado un viaje de un año con el objetivo de recoger muestras y analizar el suelo, con la intención de llevar a cabo «investigaciones científicas a largo plazo» y recabar información para posibles asentamientos sobre el polo sur lunar.

Por qué el polo sur de la Luna

Haber elegido el polo sur lunar no es una casualidad: allí es donde se cree que nuestro satélite guarda más reservas de agua en forma de hielo, de donde podrían abastecerse las próximas misiones humanas. De hecho, tanto la NASA (con su programa Artemis, que llevará humanos de nuevo sobre la superficie lunar a partir de finales de 2025, si todo va según lo previsto) como la agencia espacial china (que ya ha afirmado que enviará a sus taikonautas a finales de esta década o principios de la siguiente y que, de hecho, tiene un acuerdo con Rusia para construir una estación lunar) ya han fijado su vista allí.

El analista independiente ruso Vitali Yegorov afirmó para AFP que esta misión es una prueba de fuego para la carrera espacial rusa. «La pregunta más importante es: ¿Puede alunizar?», planteó. Por su parte, el presidente ruso, Vladimir Putin, prometió continuar con el programa espacial, pese a las sanciones debido a la guerra con Ucrania (de hecho, estaba prevista participación europea en esta misión; cuestión que fue revocada tras el conflicto), citando como ejemplo el momento en el que la URSS envió a Yuri Gagarin, el primer hombre en el espacio, en 1961, en medio de las tensiones con Occidente. «Estamos guiados por la ambición de nuestros ancestros para seguir adelante, pese a las dificultades y los intentos para obstaculizarnos», dijo el año pasado Putin en una vista a Vostochni.

El director de Roscosmos, Yuri Borisov, reconoció en junio que la misión es «arriesgada». «La posibilidad de éxito de ese tipo de misiones se calcula en un 70%», dijo en una reunión con Putin. En apenas diez días sabremos el desenlace, junto con la respuesta a quién será el primer país que logre posar su tecnología en el codiciado polo sur de la Luna.

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