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¿Por qué te da un ‘calambrazo’ cuando tocas la puerta del coche?

Al ponernos un abrigo, al abrir la puerta de un coche, al darle un abrazo a un amigo, al agarrar el pomo de una puerta… de repente y de forma aparentemente inexplicable notamos una sacudida, un calambre que nos deja desconcertados. La culpa la tiene la electricidad.

Si recurrimos al diccionario de la Real Academia Española, la electricidad se define como la propiedad fundamental de la materia que se manifiesta por la atracción o repulsión entre sus partes y que es originada por la existencia de electrones o protones.

Sabemos que todos los objetos están formados por átomos y estos, a su vez, por electrones (con carga negativa), neutrones (que son neutros) y protones (con carga positiva). La mayoría de las veces las cargas positivas y negativas de un objeto se encuentran equilibrados, es decir, hacen que sea neutro, al igual que suele suceder con nuestro cuerpo.

Sin embargo, en ciertas ocasiones dos átomos pueden entrar en fricción, lo que provoca que puedan ganar o perder cargas negativas, produciéndose un desequilibrio, lo que se conoce como electricidad estática o efecto triboeléctrico.

Cuando tocamos a una persona o a un objeto y sentimos un ‘calambre’, lo que en realidad sucede es que hay una corriente de electrones que pasa a un nuevo ‘huésped’ con carga positiva, para intentar recuperar nuevamente el equilibrio.

El efecto triboeléctrico se conoce desde la antigüedad, pero no fue hasta el año 1600 cuando el británico William Gilbert (1544-1603) se acercó de una forma científica al mismo. Este científico cumplía el encargo de la reina Isabel I de Inglaterra de estudiar el funcionamiento de la brújula cuando descubrió que el magnetismo estaba relacionado con la atracción que el ámbar ejercía sobre pequeños objetos al frotarse.

El científico acuñó para explicarlo el término ‘electricidad’, del griego elektron, que significa ámbar.

Es posible evitarlos

No todos los materiales tienen igual ‘riesgo’ de darnos calambre, aquellos que son aislantes (conducen mal la electricidad) tienen más posibilidades de acumular electrones y que los descarguen al entrar en contacto con otro objeto con carga positiva, y que esto se traduzca en un ‘calambre’.

La Real Academia Española define el calambre como una contracción espasmódica, involuntaria, dolorosa y poco durable de ciertos músculos. Al parecer este vocablo, etimológicamente, procede del francés ‘crampe’ que puede ser traducido por entumecido.

Nuestra forma de vestir también puede aumentar la posibilidad de recibir un calambre, el riesgo aumenta cuando utilizamos ropa o zapatos muy aislantes. También es más probable que este fenómeno se produzca en las estaciones más frías, cuando el aire está más seco, ya que es más fácil acumular electrones en la superficie de nuestra piel.

Y a la inversa, podemos evitarlo utilizando prendas confeccionadas con tejidos naturales, como la lana, el lino o la seda, sacando de nuestros hogares las moquetas sintéticas y manteniendo nuestra piel bien hidratada.

En cualquier caso, la próxima vez que una persona nos ‘dé calambre’ no le echemos la culpa, porque ya hemos visto que la responsabilidad es compartida.

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