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¿Por qué se arrugan tanto las prendas de algodón?

La verdad es que la obsesión por el alisado de la ropa no es nueva, nos viene de lejos. Ya en la antigua Grecia se usaban rodillos para apretar la ropa, puesto que vestir sin arrugas era considerado un signo de refinamiento.

Más tarde los romanos utilizarían a sus esclavos para que «plancharan» sus prendas a martillazos. Siglos después, en el viejo continente, se usarían cajas con un ladrillo caliente o brasas en su interior para plancharla.

La verdad es que, aunque más rudimentario, el mecanismo de planchado no ha variado mucho en los últimos siglos: aplicar calor y presión, con lo que se consigue que el material se vuelva más moldeable.

La culpa la tienen los enlaces de hidrógeno

Generalmente las fibras textiles, tanto las naturales como las sintéticas son polímeros, lo cual significa que se trata de grandes moléculas formadas por unidades repetidas de otras más pequeñas llamadas monómeros.

Cuanto más estirados y tensos están los polímeros menos se arruga la tela. En Román paladino, los tejidos de alta calidad se arrugan menos porque la arquitectura del entramado es mejor. Esto explica, por ejemplo, por qué un mantón de Manila prácticamente no se arruga.

Los «ladrillos» moleculares se unen a través de dos tipos de enlaces, que vendría a representar las puntadas moleculares: covalentes y puentes de hidrógeno. Los primeros son mucho más fuertes, mantienen unidos a los monómeros de una forma más contundente, mientras que los segundos son más débiles.

Sabemos que las prendas de algodón están unidas por enlaces de hidrógeno que se rompen con facilidad durante la presión, esto podría explicar por qué si dejamos una camisa de algodón descuidada bajo un montón de prendas la encontraremos totalmente arrugada.

La temperatura de transición vítrea

Algunos polímeros son naturales, como la lana, mientras que otros son sintéticos, como el nylon o el poliéster; algunos son cristalinos, con estructuras perfectamente ordenadas, mientras que también los hay amorfos, con moléculas orientadas al azar. En cualquier caso, todos ellos tienen algo en común: la temperatura de transición vítrea.

Se trata de una temperatura por debajo de la cual el material tiene una estructura rígida y se comporta como un material duro y sólido, mientas que por encima de ella las uniones entre las moléculas se rompen y adquieren movimiento.

La temperatura vítrea del algodón es de 22ºC, a una humedad del 78%, superada esa temperatura los enlaces de hidrógeno se rompen y, en consecuencia, la prenda de algodón se arruga.

Otro factor clave en el polinomio de la arruga es la humedad. En los materiales que son muy absorbentes el agua se «cuela» entre las fibras y la ropa se arruga con enorme facilidad. Esto sucede en prendas confeccionadas con algodón, cáñamo o lino, es decir, a base de fibras naturales (con ladrillos de celulosa).

Al lavar la ropa las moléculas de agua se colocan entre los polímeros condicionando los enlaces de hidrógeno, de forma que cuando la prenda se seca el agua se evapora y los enlaces vuelve a formarse. Sin embargo, lo hacen en la posición en la que se encuentren, no en la original. Esto explica por qué las prendas de algodón salen tan arrugadas de la lavadora y, además, se mantienen tras el secado.

Cuando planchamos estas prendas, presionando y deslizándola sobre la ropa, conseguimos recolocar las fibras en una determinada dirección, de forma que la prenda tenga un aspecto más adecuado, sin arrugas. En el caso del algodón la temperatura debe regularse entre 140ºC y 210ºC.

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