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¿Por qué las olas del mar van hacia la playa?

Las olas tienen un efecto hipnótico. Podemos pasarnos horas mirando, sin cansarnos, como una tras otra rompe delante de la playa. No hace falta ser muy observador para descubrir que las olas incrementan su altura antes de hacerlo.

Para comprender este fenómeno lo primero que tenemos que saber es que la energía de las olas tiene dos componentes: potencial y cinético. La energía potencial está relacionada con la altura y la energía cinética con la velocidad.

Y es que, en contra de lo que pudiéramos pensar a priori, las olas no transportan agua, sino movimiento, de forma que cuando la ola ha pasado, las partículas retornan al mismo punto.

Cuando hay mucha velocidad la mayor parte de la energía es cinética y a medida que la ola se acerca a la costa la que predomina es la potencial.

En mar abierto no tienen dirección

Las olas del mar son ondulaciones que se generan en la superficie del agua como consecuencia de la propagación del movimiento entre dos medios: el agua y el viento. La parte más elevada se conoce como cresta y la más profunda se llama valle o seno.

Si nos centramos en el movimiento, en las olas marinas podemos distinguir dos tipos: la oscilación del medio movido por la onda –de tipo circular- y la propagación de la onda con una dirección y una velocidad.

Es precisamente esto lo que explica que ni todas las olas viajen a la misma velocidad ni que todas sean iguales. Por una parte, sabemos que a mayor intervalo de tiempo entre ola y ola, y a mayor profundidad, las ondulaciones marinas viajan a mayor velocidad.

Por otra parte, su tamaño depende de la intensidad del viento, del tiempo que lleva soplando y de que tenga un recorrido en el que no haya interrupciones. De tal suerte que cuando no sopla viento se dice que el mar está en calma, si el viento es leve lo que se generan son olas de pequeños milímetros de altura (olas capilares) y si el viento es fuerte y constante lo que observamos son olas grandes.

Todo esto permite explicar por qué en mar abierto las olas no tengan una dirección predeterminada, al no existir barreras físicas el viento puede soplar en todas direcciones. Sin embargo, esto no sucede en la playa.

A diferentes velocidades

A medida que la ola se acerca a la orilla la parte de la superficie viaja más rápida que la parte más profunda, de forma que la cresta termina por desestabilizarse y caer contra el suelo, produciendo un sonido sordo característico.

Y es que en aguas poco profundas la velocidad de las olas está muy condicionada por la profundidad: hay un determinado momento en el cual la parte más cercana al fondo tiene una velocidad menor que aquella que está más alejada. Este fenómeno es conocido como refracción y explica por qué las olas mueran de forma paralela a la línea de la playa.

También hay olas cuadradas

Año tras año la isla francesa de Ré, que está unida a la Rochelle por un puente, atrae a miles de turistas para fotografiar dos acontecimientos que la han hecho famosa: sus burros y sus olas.

Y es que los burros de Ré, desde el año 1860, lucen bellos pantalones para evitar que se vean afectados por las picaduras de insectos a las que son muy vulnerables debido a su largo y rizado pelambre.

La otra singularidad es un regalo de la naturaleza: la presencia de olas cuadradas. Este fenómeno, que no es exclusivo de este enclave galo, se produce cuando dos corrientes marinas chocan entre sí con mucha fuerza y a gran velocidad. En el caso de la isla de Ré, y a unos kilómetros por debajo de la superficie del agua, chocan las aguas del mar Cantábrico con aquellas procedentes del océano Atlántico produciendo este singular y fotogénico fenómeno visual.

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