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¿Por qué en otoño oscurece más temprano?

A lo largo del año tenemos dos solsticios y dos equinoccios, dos términos que no son sinónimos, aunque a veces, de forma errónea, se emplean de forma indistinta. La palabra solsticio procede de solstitium, que significa «sol quieto», y se produce cuando el sol se encuentra más cerca o más lejos de uno de los hemisferios terrestres. Esto condiciona que aumente la duración del día en una parte de nuestro planeta, mientras que en la otra disminuye.

Los solsticios ocurren en junio –entre los días 20 o 21- y en diciembre –entre los días 21 o 22-, que son los días en los que nuestra estrella está más al norte o al sur del ecuador. Esto explica que, en el hemisferio norte, el solsticio de verano marque el comienzo del periodo estival, que es cuando el Polo Norte está inclinado más cerca del sol y sus rayos caen directamente sobre el Trópico de Cáncer.

La palabra equinoccio procede del latín aequinoctium, que significa «noche igual», ya que se produce cuando el sol se encuentra sobre la línea del ecuador, por lo que el día y la noche en ambos hemisferios tienen la misma duración. Los equinoccios se producen en marzo –entre los días 19 y 21- y en septiembre –entre los días 21 y 24-.

En otras palabras, en el solsticio el sol está en el punto más distante de la línea del ecuador y en el equinoccio el sol está en el punto más cercano a esa línea.

Afelio y perihelio

A todo esto, hay que añadir que la Tierra no orbita alrededor del sol en un plano completamente horizontal, lo hace según la inclinación de su eje de rotación que es de, aproximadamente, 23.5 grados con respecto al plano de la órbita, lo cual da lugar a las estaciones.

Si la inclinación no existiera nuestra estrella iluminaría y calentaría ambos hemisferios con la misma intensidad, de forma que viviríamos en un equinoccio de forma permanente.

Además, la órbita de la Tierra alrededor del sol no es perfectamente circular, sino elíptica, lo que significa que hay épocas del año en las que está más cerca del sol (perihelio) y otras en las que está más alejada (afelio).

El perihelio se produce en enero, lo que traduce que en el hemisferio norte el invierno coincida con el momento en que la Tierra está más cerca del sol, sin embargo, debido a la inclinación terrestre los rayos solares no son los suficientemente directos como para contrarrestar el efecto y los días, además de ser más cortos, son más fríos.

El día más corto del año

Por último, nos falta analizar qué es el crepúsculo y qué es el ocaso. El crepúsculo es el momento en el que se pone el sol, cuando el cielo está todavía iluminado, aunque ya no veamos la estrella. Este fenómeno se produce porque la luz solar ilumina las capas más altas de la atmósfera y la luz se difunde en todas las direcciones. Como norma general, el crepúsculo suele durar entre 20 y 30 minutos.

Por su parte el ocaso es el momento exacto en el que el sol, por el efecto de la rotación terrestre, atraviesa el plano del horizonte y deja de ser visible. De esta forma, una vez que se produce el ocaso entramos en el momento crepuscular del día, durante el cual todavía hay luz, pero el sol ha desaparecido.

Con todos estos datos ya estamos en condiciones de poder comprender por qué en otoño y en invierno, debido a la combinación de la inclinación del eje de la Tierra y la forma elíptica de la órbita, la luz llega de forma menos intensa y los días son más cortos. A medida que la Tierra continúa su órbita alrededor del sol los días, gradualmente, se van alargando.

Todo esto nos ayuda a comprender por qué la progresión de los días menguantes alcanza su nadir, en el hemisferio norte, el solsticio de invierno, el día más corto del año.

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