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La NASA rompe la prohibición de cooperar con China para pedir acceso a sus muestras lunares

El administrador de la NASA, Bill Nelson, ha manifestado en diferentes ocasiones su reticencia a cooperar con China en investigación espacial debido a la «falta de transparencia» del país oriental. Sin embargo, en un raro gesto por parte de la agencia espacial estadounidense, recientemente ha animado a los investigadores que financia a solicitar a sus homólogos chinos acceso a los casi 2 kilos de suelo y rocas lunares traídos a la Tierra por la misión Chang’e 5 en 2020.

Una ley conocida como la Enmienda Wolf, aprobada por el Congreso de los Estados Unidos en 2011, prohíbe expresamente utilizar fondos de la NASA para colaborar con China en proyectos de investigación, a no ser que exista una autorización explícita de la Oficina Federal de Investigaciones y del Congreso en Washington. La enmienda fue impuesta para evitar la transferencia de tecnología e información sensible estadounidenses y como protesta por los abusos de los derechos humanos cometidos por el régimen de Pekín.

Sin embargo, la NASA ha enviado un correo electrónico a los científicos planetarios con los que colabora, indicando que podrían solicitar a la Administración Nacional del Espacio de China (CNSA) el uso de muestras de Chang’e 5 para investigaciones. El análisis de las muestras podría conducir a nuevos conocimientos sobre la formación y la historia geológica de la Luna y, además, ayudar en el programa Artemis de la NASA para regresar a nuestro satélite natural y establecer allí una base permanente.

La misión china se lanzó el 23 de noviembre de 2020 y llegó a la órbita lunar cinco días después. Dos de los cuatro módulos (el de aterrizaje y un vehículo de ascenso), alunizaron cerca de Mons Rümker, una montaña volcánica en la región noroeste de la cara visible de la Luna, dentro del llamado Oceanus Procellarum (Océano de tormentas) el 1 de diciembre. La misión recolectó cerca de 2 kilos de tierra y grava lunar y regresó a la Tierra el 12 de diciembre, cuando la cápsula aterrizó en el desierto de Mongolia.

Durante una conferencia de prensa posterior al aterrizaje, los funcionarios chinos dijeron que compartirían las muestras con socios internacionales, incluidas las Naciones Unidas. Sin embargo, calificaron la Enmienda Wolf como «desafortunada» e indicaron que probablemente no se produciría una cooperación directa con la NASA. Si China acepta la solicitud de la agencia estadounidense, eso podría cambiar.

Muestras únicas

«Las muestras de Chang’e-5 se originan en regiones de la Luna que aún no han sido muestreadas por la NASA y se espera que proporcionen nuevos conocimientos científicos valiosos sobre la historia geológica de la Luna , lo que podría proporcionar una nueva comprensión del sistema Tierra-Luna y potencialmente informar futuros planes de exploración lunar de la NASA», señalaba un comunicado de la agencia espacial. «Solicitar muestras garantizará que los investigadores estadounidenses tengan las mismas oportunidades de investigación que los científicos de todo el mundo», añadía.

La propuesta ha sido recibida con entusiasmo por los investigadores estadounidenses. Clive Neal, científico lunar de la Universidad de Notre Dame, calificaba la medida de «formidable» en la revista ‘Science’. Según explicaba, los investigadores estadounidenses comenzaron a presionar a los funcionarios de la NASA para explorar la posibilidad de obtener acceso a las muestras poco después de que aterrizara la cápsula de retorno. Lisa Gaddis, directora del Instituto Lunar y Planetario de la Asociación Universitaria de Investigación Espacial, señalaba a ‘Space.com’ que la medida «abre la puerta a nuevas colaboraciones y probablemente a nuevos resultados que arrojen luz sobre el origen de algunos de los materiales volcánicos más jóvenes muestreados en la Luna».

El interés de estas muestras lunares radica precisamente en su edad. Provienen de una región lunar no muestreada previamente donde se observan algunos de los basaltos lunares más jóvenes, lo que puede ayudar a entender cómo el vulcanismo cambió con el tiempo. Mientras que los 380 kilogramos de muestras lunares recolectadas por los astronautas estadounidenses del Apolo en las décadas de 1960 y 1970 tienen más de 3.000 millones de años, las de Chang’e 5 tienen 2.000 millones, lo que las hace únicas.

La CNSA decidirá antes del 22 de diciembre si permite a los investigadores financiados por la NASA (y a otros que lo hayan solicitado) acceder a su material. Si lo hace, esta cooperación puede ser solo un comienzo. Chang’e 6, cuyo lanzamiento está previsto para mayo de 2024, intentará traer a la Tierra por primera vez muestras de la cara oculta de la Luna. Un tesoro científico que nadie querrá perderse.

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