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Descubren que estos pingüinos duermen once diarias, pero repartidas en 10.000 ‘microsiestas’ de apenas cuatro segundos

El sueño, un fenómeno ampliamente extendido en el reino animal, aún guarda incógnitas que se escapan a nuestra comprensión científica. Por ejemplo, podemos experimentar en nuestro propio cuerpo cómo a veces una siesta de diez minutos es más reparadora que otra de tres horas, de la que a veces despertamos desorientados y de mal humor. Sin embargo, estos ‘microsueños’ no son siempre tan reconfortantes, y provocan que cabeceemos o quedarnos en un estado de letargo incluso en situaciones peligrosas, como cuando vamos conduciendo.

Aún así, tarde o temprano, el cuerpo nos pedirá volver a la cama para descansar por un largo periodo, generalmente por la noche. Y es algo parecido para casi todas las especies. Entre las excepciones, se encuentran los pingüinos barbijo (Pygoscelis antarcticus), una especie que mora en la Antártida y sus alrededores y que presentan una característica raya bajo el pico, como si llevase puesto un casco. Ahora, un grupo internacional de investigadores han descubierto que este pingüino duerme once horas al día pero repartidas en miles de siestas de cuatro segundos de duración de media. Las conclusiones acaban de publicarse en la revista ‘Science‘.

En casa mientras la pareja busca comida

De momento, no está claro si las siestas son suficientes como para proporcionar las mismas funciones reparadoras que los periodos de sueño más prolongados. En teoría, si estas ‘microsiestas’ acumuladas cumplen las funciones de sueño, podría ser una ventaja evolutiva para las especies que necesitan de una vigilancia constante, como estos pingüinos barbijo, sobre todo en época de cría.

Porque cuando estos animales anidan, a menudo requieren que uno de los dos padres (ambos incuban a sus polluelos) proteja constantemente el nido de aves depredadoras y de sus congéneres intrusos mientras su pareja está fuera alimentándose durante varios días seguidos. Así es como estrategia podría servir de provecho.

10.000 microsiestas al día

Los autores, capitaneados por Paul-Antoine Libourel, del Centro de Investigación en Neurociencia de Lyon (Francia), monitorizaron en remoto el encefalograma de los pingüinos, además de analizaros con otros sensores no invasivos mientras estos especímenes deambulaban libremente por sus hábitats y nidos. También los observaron de forma directa.

Así es como descubrieron sus peculiares patrones de sueño. Los pingüinos barbijo no dormían durante periodos prolongados de tiempo, sino que daban una suerte de ‘cabezadas’ que duraban de media unos cuatro segundos. En total, contaron que estos animales tenían unos 10.000 microsueños que sumaban once horas en total. Según los autores, los hallazgos sugieren que, dado el éxito reproductivo de estos pingüinos, los beneficios del sueño pueden acumularse gradualmente y esos microsueños pueden cumplir al menos algunos de los beneficios de los períodos de sueño más prolongados.

«Podría ser uno de los ejemplos más extremos de la naturaleza incremental mediante la cual se pueden acumular los beneficios del sueño», escriben Christian Harding y Vladyslav Vyazovskiy en un artículo relacionado. «Aunque la duración del sueño es sensible a muchas variables y difiere ampliamente entre especies, los microsueños de segundos de duración de los pingüinos barbijo son marcadamente breves».

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