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Del abuso sexual al fraude: por qué no debes publicar fotos de tus hijos en las redes sociales

«Bienvenido al mundo». Hacerse mayor es abrir Instagram y ver fotos de niños y niñas por todos lados. Criaturas gateando alegremente, posados familiares, primeros planos de bebés recién nacidos e incluso ecografías que revelan su existencia al mundo. Escenas íntimas cada vez más expuestas al ‘scroll’ infinito de las redes sociales y a su batalla para secuestrar nuestra atención. Las vidas de toda una generación ya están al alcance de un clic. Y, aunque pueda parecer inofensiva, esta práctica está poniendo en riesgo la privacidad de tus hijos.

Para la gran mayoría de padres y madres, compartir imágenes de sus descendientes en internet es otra forma de expresar el orgullo y amor que sienten por ellos. En España, un 89% de las familias publica ese tipo de contenidos alrededor de una vez al mes, según el informe EU Kids Online de 2019. El objetivo de esa acción es noble, pero puede tener consecuencias indeseadas. «Lo hacen con la mejor intención del mundo, pero hay que tener un poco de sentido común y cabeza», advierte Irene Montiel, doctora en psicología y criminóloga. «Aunque las imágenes de tus hijos puedan ser muy divertidas, pierdes el control y no sabes dónde acabarán».

El 89% de las familias publica ese tipo de contenidos alrededor de una vez al mes, según un estudio

En un entorno cada vez más digitalizado, exponer tu vida a los demás es una práctica común. Ya sean tus vacaciones o un concierto con amigos, compartimos los aspectos de nuestra vida que más nos convienen para construir nuestra identidad y proyectarla a los demás. Ser madre o padre también constituye una parte troncal de nuestra esencia y, por ende, también queda atrapado en la lógica del llamado capitalismo de la atención. Compartir la experiencia que es la paternidad -práctica conocida como ‘sharenting‘- sirve para moldear nuestro yo digital.

«Aunque las imágenes de tus hijos puedan ser muy divertidas, pierdes el control y no sabes dónde acabarán».

Irene Montiel

Doctora en psicología y criminóloga

La ley española establece que hasta los 14 años los niños no están facultados para decidir qué fotos pueden subirse y cuáles no, lo que deja a los más pequeños sujetos a lo que decidan sus padres. Aun así, casi el 20% de los menores de 10 años ya tiene teléfono móvil, según el XII Barómetro de las Familias en España de la fundación The Family Watch. En muchos casos se da un uso abusivo.

Del abuso sexual infantil al fraude

La sobreexposición de uno mismo en las redes es problemática, pero los riesgos de hacerlo con imágenes de menores sin su consentimiento es aún mayor. El más oscuro de ellos es que las fotos que colgamos de nuestros hijos puedan caer en círculos pedófilos. Entre 2013 y 2022, los contenidos de abuso sexual infantil en la red se han disparado un 1.815%, según un estudio de la Internet Watch Foundation. Incluso si su perfil es privado, muchos padres que cuelgan fotos de sus criaturas tienen seguidores a los que desconocen.

Gran parte de las imágenes que se difunden por este submundo no son eróticas ni sexualizadas, sino de escenas cotidianas substraídas de las redes sociales. Pongamos que se trata de una niña de 6 años haciendo castillos de arena en la playa. Lo que para los padres es una imagen de inocencia y ternura cobra otro significado en las manos equivocadas. «Tienen imágenes que nadie diría que son de explotación sexual, pero que sirven para alimentar sus fantasías», remarca Montiel, profesora de la UOC experta en victimización infantil. Así, hasta un 72,2% de los agresores pederastas penados en España recurre a esos contenidos, según un estudio de la Universitat de València para el Ministerio del Interior.

Suplantación de identidad

Hay otras formas en las que el ‘sharenting’ puede perjudicar a los menores. Por querer presumir, los padres pueden llegar a compartir datos personales de sus hijos que pueden ser robados por estafadores para usarlos en su contra. Es el caso de las imágenes que se comparten en redes —incluso en el perfil de WhatsApp—, pero también de otros detalles aparentemente inocuos como su nombre, edad, fecha de nacimiento, dirección o aficiones. Toda esa información es oro en manos de atacantes que buscan suplantar la identidad de sus víctimas.

Un estudio de Barclays Bank calcula que, en 2030, dos tercios de los fraudes en línea se basarán en el fácil acceso a datos de menores

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Un estudio de Barclays Bank publicado hace cino años calculó que en 2030 casi dos tercios de los casos de fraude en línea se habrán perpetrado gracias al fácil acceso a esos datos de menores. Que los padres compartan excesivamente contenido sobre sus hijos en internet producirá 7,4 millones de incidentes al año, un problema que podría tener un coste anual de más de 775 millones de euros.

Es por eso que la asociación PantallasAmigas y la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) han publicado una campaña para concienciar a los padres sobre qué impacto puede tener la publicación de imágenes de menores en internet. «Tu hijo o hija no gana nada con ello. Aunque puede que tampoco le afecte negativamente, el saldo rara vez será positivo», advierten.

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