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Científicos proponen una nueva definición del embrión humano para regular los creados sin óvulos ni esperma

Un embrión se forma cuando el esperma fecunda al óvulo. O, al menos, eso era lo que la biología nos había enseñado hasta que una nueva pirueta científica permitió darles vida en el laboratorio, sin óvulos ni espermatozoides. Con las nuevas herramientas que brinda la medicina regenerativa ahora basta con tener una célula de la piel o la sangre de un individuo para generarlos. Así se han creado modelos de embrión, también llamados embriones sintéticos o embrioides, que varios grupos de investigación han desarrollado a partir de células de ratón, macacos y también humanas. Son tan parecidos a los naturales que su existencia ha abierto un intenso debate ético, legal y científico.

Preguntas que antes eran sencillas ya no lo son porque si estos nuevos modelos son tan parecidos a los naturales ¿deberíamos darles la misma protección legal?. Si ya no se necesitan óvulos ni espermatozoides para generar un embrión, ¿necesitaríamos cambiar la definición?

La primera respuesta a este nuevo dilema científico la ofrece un grupo de expertos de diferentes centros implicados en este tipo de investigaciones en la revista científica «Cell» . La respuesta corta a estas dos preguntas es «sí» o «sí, casi siempre», defienden en su artículo los expertos en biología del desarrollo Nicolas Rivron, del Instituto de Biotecnología Molecular de Austria; Alfonso Martínez-Arias, de la Universidad Pompeu i Fabra de Barcelona; Martin F. Pera, del Laboratorio Jackson en Estados Unidos; Naomi Moris, del Instituto Francis Crick del Reino Unido, y Hafez Ismaili M’hamdi del departamento de Ética Médica del Centro Médico de Rotterdam en Países Bajos.

 

La respuesta no es apresurada, es fruto de dos años de investigación y debate con organizaciones y expertos involucrados en este campo, recuerda a ABC el científico español Martínez Arias y uno de los autores de este trabajo. «’¿Qué es un embrión?’ no había una respuesta sencilla a esa pregunta y mucho menos aún para responder a qué es un embrión humano», cuenta. En este tiempo, ha habido muchas discusiones hasta llegar a un consenso.

La nueva propuesta gira sobre el argumento clave de que todo aquello con potencial para convertirse en un feto debería considerarse embrión. Así, proponen definir al embrión humano como: «Un grupo de células humanas sustentadas por elementos que cumplen funciones extraembrionarias y uterinas y, combinadas, tienen el potencial de formar un feto». Los autores escriben que esta distinción biológica podría ser suficiente para formular una legislación sensible y guías para los modelos embrionarios.

«Lo más importante es la inclusión del término ‘potencial’ y que el embrión lo es, con independencia del origen de la estructura», explica Martínez-Arias.

¿Se podrían implantar en un útero?

La definición da cabida a todos los nuevos modelos embrionarios o de embrión (no embriones sintéticos, un término que ahora los autores piden evitar porque ningún elemento es sintético). La cuestión es que por ahora ninguna de estas estructuras generadas en el laboratorio ha demostrado la capacidad de seguir su desarrollo y convertirse en un feto. Nadie se ha atrevido a implantar un ‘embrión de laboratorio’ en un útero de una mujer, pero sí se ha probado con otros modelos animales. Y cuando se ha hecho con modelos de ratón o macaco el resultado ha sido negativo. «La estructura no se implanta correctamente, no se desarrolla pero el potencial existe. No todos los modelos de embrión son iguales, por eso en nuestro artículo sugerimos que estas estructuras se sometan a un test de Turing, a una prueba de evaluación», apunta. Este test permitiría distinguir entre las estructuras embrionarias con las que se podría hacer la equivalencia con el embrión humano natural.

Aunque la equivalencia se complica porque la legislación prohíbe implantar estos modelos de embriones humanos al útero de una mujer. ¿Entonces cómo se demuestra? Los autores piden comprobar ese potencial en modelos embriones animales cercanos a los humanos, como por ejemplo, los cerdos o los monos.

Embriones de pleno derecho

«Nosotros hacemos énfasis, no tanto en el sentido amplio de que se pueda obtener un recién nacido, sino en que esa estructura sea capaz de seguir el mismo desarrollo de un embrión natural. Es decir, que las células se agrupen, después forman un blastocisto, éste una gástrula y un feto. Si esto lo consigue una estructura embrionaria generada en el laboratorio deberá ser considerada equivalente a un embrión natural. Serán embriones de pleno derecho», insiste el investigador de la Universidad Pompeu i Fabra.


Magdalena Zernicka-Goetz en su laboratorio de la Universidad de Cambridge, uno de los grupos que ha generado estructuras embrionarias en el laboratorio

El objetivo de los grupos de investigación que trabajan en estos nuevos modelos de embrión no es crear vida en el laboratorio; al menos no por ahora, sino contar con un modelo para investigar las primeras fases del desarrollo humano, una etapa de la vida humana sobre la que aún se necesita arrojar luz. Entre otras cosas, para poder luchar contra los abortos de repetición que sufren muchas mujeres. «Esperamos que en el futuro este conocimiento beneficie a la sociedad al apoyar el desarrollo de medicamentos para combatir la infertilidad y conducir a la mejor comprensión de las malformaciones y enfermedades congénitas», confía Nicolas Rivron, ‘padre’ también de la nueva definición.


Un blastocisto, primeras fases de desarrollo

El desarrollo embrionario de los mamíferos y los humanos se conoce relativamente bien hasta el momento de la implantación en el útero, cuando esa bola de células inicial deberá dar origen a un feto. La etapa de desarrollo posterior a la implantación es el periodo más importante para la evolución saludable de una gestación y del futuro niño, es casi una incógnita.

No hay cámara capaz de mostrar el útero gestante que no sea invasiva y la legislación impide cultivar un embrión en el laboratorio más allá de los 14 días de desarrollo. Estamos ciegos en esa fase del desarrollo, así que los nuevos modelos embrionarios serían los más fieles para investigar e iluminar esa etapa oscura y desconocida que son los primeros días en el desarrollo humano, donde se marca el destino del individuo.

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