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a la hora de divertirse, ellos deciden cómo, con quién, cuándo, dónde y a qué se juega

Tienen fama de ser ariscos, independientes, manipuladores, egoístas e incluso vengativos. Si tienes un gato, se suele decir, no es él quien vive en tu casa, sino tú en la de él. Nada que ver con los perros, mucho más cariñosos, fieles e inteligentes.

Numerosos estudios, sin embargo, reivindican desde hace años tanto la inteligencia como las capacidades sociales de los felinos domésticos. Y resulta que son igual o incluso más listos que los perros, y también igual de sociables, solo que expresan esas cualidades y sentimientos de forma muy diferente. Los animales domésticos, todos, suelen buscar la forma de adaptarse a las necesidades y costumbres humanas. Los gatos, igual que los perros, reconocen y quieren a sus dueños, establecen con ellos fuertes vínculos, relaciones y patrones de conducta exclusivos y, por supuesto, comparten juegos con ellos.

A propósito de esto último, de los juegos, la revista ‘Scientific Reports‘ publica esta semana un estudio sobre gatos que practican con sus dueños una de sus actividades preferidas: buscar cosas. Y se centra en aquellos que, igual que los perros, corren a buscar un objeto que su dueño les ha lanzado previamente.

Lo sorprendente, sin embargo, es que en la mayoría de los casos no es el humano quien inicia el juego, ni tampoco quien lo da por terminado, sino que es el gato el que decide cuándo empieza y cuándo termina la actividad.

Aquí mando yo

Según el estudio, liderado por Jemma Forman, de la Universidad de Sussex, en Reino Unido, hasta ahora se ha estudiado muy poco «la facilidad con la que los animales domésticos pueden manipular a sus cuidadores humanos para sus propios fines. Aquí presentamos los resultados de una encuesta realizada a 924 dueños de gatos que informaron del comportamiento de búsqueda observado en 1.154 gatos. La abrumadora mayoría (94,4%) de estos propietarios informan que la búsqueda surgió en ausencia de un entrenamiento previo».

Los hallazgos también resaltan la variedad de objetos que los gatos prefieren correr a buscar, incluidas gomas para el pelo y partes de botellas, como tapones o corchos. En su artículo, Forman y sus colegas explican que a todos los propietarios se les pidió que contaran cómo surgió por primera vez el juego de ‘lanza y voy a buscarlo’, cuántas veces se practicaba el juego por mes, qué objetos eran los preferidos por sus gatos y quién solía dar comienzo o poner fin a la actividad.

De este modo, los autores hallaron que el 59% de los gatos que jugaban a ir a buscar objetos lo hacían hasta diez veces al mes y el 55% los recogía hasta cinco veces antes de cansarse. Los gatos, además, iniciaron y terminaron los juegos con más frecuencia que sus dueños, y tendieron a jugar más a menudo y durante más tiempo cuando eran ellos los que iniciaban los juegos.

En resumen, los resultados indican que los gatos tienden a controlar los juegos de búsqueda o, dicho de otra forma, son ellos los que dicen a qué se juega, cuándo se empieza a jugar y cuándo se termina.

Sin entrenamiento previo

El 94% de los gatos estudiados no había sido entrenado previamente por sus propietarios, y el 61% de ellos empezó a ir a buscar objetos cuando tenía menos de un año. Aunque algunos propietarios informaron de que su gato podía haber aprendido de otro animal, sólo el 23% de los que participaron en el estudio vivían con un perro u otro gato capaz de practicar el juego de búsqueda.

De los 160 gatos identificados como de raza pura, los gatos siameses fueron la raza más activa en el juego (36 gatos), seguida por el Bengala (16) y el Ragdoll (12). Los autores, además, descubrieron que los gatos mostraban preferencias individuales tanto por los objetos como por los miembros de la familia con los que preferían jugar, así como por los lugares en los que más les gustaba hacerlo.


J. M. N.

Si bien los juguetes para gatos representaron poco menos del 40% de los objetos utilizados en los juegos, la mayoría de los objetos preferidos por los gatos fueron los que se encontraban en el hogar, como cintas para el pelo, tapones de botellas o cosas que los dueños les arrojaban de manera casual, como papel arrugado. Los lugares más comunes para empezar el juego de buscar objetos fueron los dormitorios y las escaleras.

Puede que a muchos propietarios de un gato todo esto les resulte familiar. Y eso incluye también a quien firma estas líneas, absolutamente consciente de que, a la hora de jugar, son ellos los que deciden cómo, con quién, cuándo, dónde y a qué se juega.

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